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Chichen Itza, Yucatan

Chichen Itza

Ciudades Cercanas

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Historia

Chichén Itzá (idioma maya: Chich'en Itza' , 'Pozo-Itzá' En la orilla del Pozo de los Itzáes) es el nombre del que fue uno de los principales asentamientos de los mayas durante el período Posclásico en la Península de Yucatán. Se localiza al sureste de Mérida, capital del estado mexicano de Yucatán. Hacia el final del Clásico tardío (siglo IX ), Chichén se convirtió en uno de los más importantes centros políticos de las tierras bajas del Mayab. Para el principio del Posclásico, la ciudad se había consolidado como principal centro de poder en la península yucateca. Las edificaciones de Chichén Itzá muestran un gran número de elementos arquitectónicos e iconográficos que algunos historiadores han querido llamar mexicanizados1 mezclados con reminicencias del estilo Puuc de la arquitectura clásica maya. La presencia de estos elementos procedentes de las culturas del Altiplano Central fueron concebidas hasta hace algunos años como producto de una migración masiva o conquista de la ciudad maya por parte de grupos toltecas. Sin embargo, estudios más recientes sugieren que pudieron haber sido la expresión cultural de un sistema político muy extendido y prestigioso durante el Posclásico temprano en toda Mesoamérica. De acuerdo con la evidencia disponible, es posible que muchas de las construcciones principales de la ciudad fueran incendiadas hacia el final del siglo XIII. Por lo tanto, se puede decir que el declive de Chichén Itzá se dio en un contexto de violencia, que conllevó a la pérdida de la hegemonía en el Mayab. A partir del declive de Chichén Itzá, Mayapán se convirtió en el líder de la confederación que lleva su nombre.
Ubicación
Gastronomía
Turismo
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Fiestas
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El complejo más célebre e impresionante de la cultura maya se encuentra en la parte norcentral de la península de Yucatán. Visitarlo es bastante sencillo, porque el acceso se puede realizar por vía aérea o terrestre, dependiendo de la ciudad en la que se encuentre el viajero. Por aire, desde la vecina Cancún en el estado de Quintana Roo. Allí encontrará varias empresas de taxi aéreo que vuelan directamente a Chichén Itzá. El viaje dura una hora, aproximadamente. Algunos servicios incluyen el costo del ingreso y el traslado al complejo arqueológico. Por tierra, desde Mérida, la capital del estado de Yucatán o desde Cancún, en el vecino Quintana Roo. La distancia es de 120 y 188 kilómetros, respectivamente. En ambos lugares el viajero encontrará autobuses que cubren la ruta, los cuales realizan una parada en Pisté, pueblo localizado a 1,500 metros del complejo maya. El acceso en ambos casos es por la carretera Federal 180 (Mérida-Puerto Juárez), vía en óptimas condiciones aunque algo angosta.
Puedes deleitarte con los platos mayas o los mestizos, ambos se destacan por su alta calidad de elaboración y la delicia de su sabor. La cochinita pibil es uno de los más representativos, es carne de cerdo en salsa de achiote cocinada en horno de tierra. También está la sopa de lima, que se prepara con carde pavo y trozos de tortilla frita. Otros platos son las Crepas de Chaya, Queso relleno y Huevos Mutuleños, todos son excelentes. Un restaurante recomendado es el que lleva el nombre de Hacienda Xaybeh D Cámara ubicado en la zona arqueológica de Chichén Itzá.
Es la ciudad maya más famosa del mundo. Un lugar que marca y deja huella por sus formidables plataformas, murallas, altares e imponentes pirámides de piedra en las que se medía el tiempo y el devenir de los astros o se realizaban ofrendas a los dioses mayas y toltecas, civilizaciones que sintetizan el espíritu creador de los pueblos mesoamericanos. La historia de Chichen Itzá se inicia en el año 550 dc, cuando los mayas procedentes de Guatemala se asentaron cerca de los cenotes (pozos de agua) que existen en la zona. Fue en este periodo primigenio en el que surgieron construcciones magníficas como el Convento de las Monjas, llamado así por su similitud con los claustros occidentales, como lo comprobaron los conquistadores españoles. En aquellos tiempos los mayas eran conocidos como Itzaes o "hechiceros del agua", de ahí nace el nombre de la ciudad, que en español significa "Boca del Pozo de los Itzaes" o también "Hogar de los Itzaes". Siglos más tarde, cerca del año 800 dc, ellos fueron invadidos por los toltecas de Tula, un pueblo guerrero y aguerrido, quienes lejos de destruir lo conquistado, la engrandecieron con soberbias estructuras. Por esta razón se convirtió en la ciudad sagrada más importante de Yucatán, alcanzando su apogeo entre los siglos X y XIII dc; un tiempo de esplendor y fusiones entre la religión de ambas culturas, pudiéndose observar tanto la representación de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada de los toltecas y aztecas, y la imagen de Chaac, el dios maya de la lluvia. Y es esta última representación una de las más importantes, porque Chichen Itzá se encuentra en una área carente de ríos y la urbe solo calmaba su sed con el agua proveniente de la lluvia, la cual se concentraba en los cenotes o pozos sagrados, que permitían vivir y desarrollarse, al igual que la admirable tecnología de ambas civilizaciones. Hoy Chichen Itzá, a 120 km de Mérida, es una de las ciudades prehispánicas mejor restauradas de México. En sus casi 10 km cuadrados (según los especialistas habría alcanzado los 100 en su periodo de esplendor) destacan magníficos edificios, cuyo valor histórico y cultural fuera reconocido por la UNESCO en 1988, al declararlo Patrimonio de la Humanidad.
Las condiciones climáticas se caracterizan por ser sumamente calurosas y secas ya que la época de lluvias es en el verano por lo que se recomienza usa sombreros (si es de paja, mejor) y de esta manera quedarás protegido del sol. Las temperaturas oscilan entre los 20ºC y 40ºC, con un promedio anual de 34ºC. Los meses entre Octubre a Marzo, son en los que se generan días más frescos.
Marzo la llegada de la primavera, en los sitios arqueológicos de Chichén Itzá la gente se reune para tomar energia y ver la serpiente subir la piramide (gran dia de fiesta)
La princesa Sac-Nicté, leyenda Maya Todos los que han vivido en la tierra del Mayab, han oído el dulce nombre de la bella princesa Sac-Nicté, que significa Blanca Flor. Era ella como la luna alta y quieta en las noches tranquilas. Y era graciosa como la paloma torcaz de dulce canto y clara y fresca como las gotas de rocío. Bella era como la flor que llena el campo de alegría perfumada, hermosa como la luz del sol que tiene todos los colores y suave como la brisa, que lleva en sus brazos todas las canciones. Así era la princesa Sac-Nicté, que nació en la orgullosa ciudad de Mayapán, cuando la paz unía como hermanas a las tres grandes ciudades de la tierra del Mayab; cuando en la valerosa Mazapán y en la maravillosa Uxmal y en Chichén Itzá, altar de la sabiduría, no había ejércitos, porque sus reyes habían hecho el pacto de vivir como hermanos. Todos los que han vivido en el Mayab han oído también el nombre del príncipe Canek que quiere decir Serpiente Negra. El príncipe Canek era valeroso y tenaz de corazón, cuando tuvo tres veces siete años fue levantado a rey de la ciudad de Chichén Itzá. En aquel mismo día vio el rey Canek a la princesa Sac-Nicté y aquella noche ya no durmió el valeroso y duro rey. Y desde entonces se sintió triste para toda la vida. Tenia la princesa Sac-Nicté tres veces cinco años cuando vio al príncipe Canek que se sentaba en el trono de Itzá, tembló de alegría su corazón al verlo y por la noche durmió con la boca encendida de una sonrisa luminosa. Cuando despertó, Sac-Nicté sabía que su vida y la vida del príncipe Canek correrían como dos ríos que corren juntos a besar el mar. Así sucedió y así cantan aquella historia los que la saben y no olvidan. El día en que el príncipe Canek se hizo rey de los Itzaes, subió al templo de la santa ciudad de Itzmal para presentarse ante su dios. Sus piernas de cazador temblaban cuando bajó los veintiséis escalones del templo y sus brazos de guerrero estaban caídos. El príncipe Canek había visto allí a la princesa Blanca Flor. La gran plaza del templo estaba llena de gente que había llegado de todo el Mayab para ver al príncipe. Y todos los que estaban cerca vieron lo que pasó. Vieron la sonrisa de la princesa y vieron al príncipe cerrar los ojos y apretarse el pecho con las manos frías. Allí estaban también los reyes y los príncipes de las demás ciudades. Todos miraban, pero no comprendieron que desde aquel momento las vidas del nuevo rey y de la princesa habían empezado a correr como dos ríos juntos, para cumplir la voluntad de los dioses altos. Y eso no lo comprendieron. Porque hay que saber que la princesa Sac-Nicté había sido destinada por su padre, el poderoso rey de Mayapán, para el joven Ulil, príncipe heredero del reino de Uxmal. Acabó el día en que el príncipe Canek se hizo rey de Chichén Itzá y empezaron a contarse los treinta y siete días que faltaban para el casamiento del príncipe Ulil y la princesa Sac-Nicté. Vinieron mensajeros de Mayapán ante el joven rey de Chichén Itzá y le dijeron: _Nuestro rey convida a su amigo y aliado para la fiesta de las bodas de su hija. Y respondió el rey Canek con los ojos encendidos: _Decid a vuestro señor que estaré presente. Y vinieron mensajeros de Uxmal ante el rey Canek y le dijeron: _Nuestro príncipe Ulil pide al gran rey de los Itzaes que vaya a sentarse a la mesa de sus bodas con la princesa Sac-Nicté. Y respondió el rey Canek con la frente llena de sudor y las manos apretadas: _Decid a vuestro señor que me verá ese día. Y cuando el rey de los Itzaes estaba solo, mirando las estrellas en el agua para preguntarles, vino otra embajada en mitad de la noche. Vino un enanillo oscuro y viejo y le dijo al oído: _La Flor Blanca está esperándote entre las hojas verdes, ¿vas a dejar que vaya otro a arrancarla? Y se fue el enanillo, por el aire o por debajo de la tierra, nadie lo vio más que el rey y nadie lo supo. En la grande Uxmal se preparaba el casamiento de la princesa Blanca Flor y el príncipe Ulil, de Mayapán fue la princesa con su padre y todos los grandes señores en una comitiva que llenó de cantos el camino. Más allá de la puerta de Uxmal salió con muchos nobles y guerreros el príncipe Ulil a recibir a la princesa y cuando la vio, la vio llorando. Toda la ciudad estaba adornada de cintas, de plumas de faisán, de plantas y de arcos pintados de colores brillantes. Y todos danzaban y estaban alegres, porque nadie sabia lo que iba a suceder. Era ya el día tercero y la luna era grande y redonda como el sol, era el día bueno para la boda del príncipe, según la regla del cielo. De todos los reinos, de cerca y de lejos, habían llegado a Uxmal reyes e hijos de reyes y todos habían traído presentes y ofrendas para los nuevos esposos. Vinieron unos con venados blancos, de cuernos y pezuñas de oro, otros vinieron con grandes conchas de tortuga llenas de plumas de quetzal radiante. Llegaron guerreros con aceites olorosos y collares de oro y esmeraldas, vinieron hombres músicos con pájaros enseñados a cantar como música del cielo. De todas partes llegaron embajadores con ricos presentes; menos el rey Canek de Chichén Itzá. Se le esperó hasta el tercer día, pero no llegó ni mandó ningún mensaje, todos estaban llenos de extrañeza y de inquietud, porque no sabían, pero el corazón de la princesa sabía y esperaba. En la noche del tercer día de las fiestas se preparó el altar del desposorio y el gran señor de los Itzaes no llegaba, ya no esperaban los que no sabían. Vestida está de colores puros y adornada de flores la princesa Blanca Flor, frente al altar, y ya se acerca el hombre al que se a de ofrecer por esposa. Espera Sac-Nicté, soñando en los caminos por donde ha de venir el rey en quien a puesto su corazón, espera la flor blanca del Mayab, mientras Canek, el rey triste, el joven y fuerte cazador, busca desesperado en la sombra el camino que ha de seguir para cumplir la voluntad de arriba. En la fiesta de las bodas de la princesa Sac-Nicté con el príncipe Ulil, se esperó tres días al señor de Chichén Itzá que llegara. Pero el rey Canek llegó a la hora en que había de llegar. Saltó de pronto en medio de Uxmal, con sesenta de sus guerreros principales y subió al altar donde ardía el incienso y cantaban los sacerdotes, llegó vestido de guerra y con el signo de Itzá sobre el pecho. _¡Itzalán! ¡Itzalán! _ gritaron como en el campo de combate. Nadie se levantó contra ellos, todo sucedió en un momento, entró el rey Canek como el viento encendido y arrebató a la princesa en sus brazos delante de todos. Nadie pudo impedirlo, cuando quisieron verlo ya no estaba allí. Solo quedó el príncipe Ulil frente a los sacerdotes y junto al altar. La princesa se perdió a sus ojos, arrebatada por el rey, que pasó como un relámpago. Así acabaron las fiestas de las bodas; mas pronto roncaron las caracolas y sonaron los címbalos y gritó por las calles la rabia del príncipe Ulil para convocar a sus guerreros. Había ido el rey Canek desde su ciudad de Chichén hasta la grande Uxmal, sin que nadie lo viera. Fue por los caminos ocultos que hay horadados en la piedra, por debajo del suelo, en esta santa tierra de los mayas, estos caminos se ven ahora de vez en cuando, antes sólo los conocían aquellos que debían conocer. Así llegó sin ser visto el rey Canek para robar a la tórtola dulcísima, al rayo de luna de su corazón. Pero ya se afilan las armas otra vez en el Mayab y se levantan los estandartes de guerra. ¡Uxmal y Mayapán se juntan contra el Itzá! ¡Ah! La venganza va a caer sobre Chichén, que está débil y cansada del suave dormir y de los juegos alegres. Por los caminos hay polvo de marchas y en los aires hay gritos y resuenan los sonoros címbalos y truena el caracol de guerra. ¡Que va a ser de ti, ciudad de Chichén, débil y dormida en la felicidad de tu príncipe! He aquí como los Itzaes dejaron sus casas y sus templos de Chichén y abandonaron la bella ciudad recostada a la orilla del agua azul. Todos se fueron llorando, una noche, con la luz de los luceros, todos se fueron en fila, para salvar las estatuas de los dioses y la vida del rey y de la princesa, luz y gloria del Mayab. Delante de los hijos de Itzá iba el rey Canek, caminando por senderos abiertos en medio de los montes, iba envuelto en un manto blanco y sin corona de plumas en la frente, a su lado iba la princesa Sac-Nicté, ella levantaba la mano y señalaba el camino y todos iban detrás. Un día llegaron a un lugar tranquilo y verde, junto a una laguna quieta, lejos de todas las ciudades y allí pusieron el asiento del reinado y edificaron las casa sencillas de la paz. Se salvaron así los Itzaes por el amor de la princesa Sac-Nicté, que entró en el corazón del último príncipe de Chichén para salvarlo del castigo y hacer su vida pura y blanca. Solitaria y callada quedó Chichén Itzá en medio del bosque sin pájaros, porque todos volaron tras la princesa Sac-Nicté. Llegaron a ella numerosos y enfurecidos los ejércitos de Uxmal y Mayapán y no encontraron ni los ecos en los palacios y en los templos vacíos. La ira puso entonces el fuego del incendio en la hermosa ciudad y Chichén Itzá quedó sola y muerta como está hoy, abandonada desde aquel tiempo antiguo, junto al agua azul del ceñote de la vida. Quedó sola y muerta, perfumadas sus ruinas de un aroma suave que es como una sonrisa o una blanca luz de luna. En la primavera brota la flor blanca en el Mayab y adorna los árboles y llena el aire de suspiros olorosos. Y el hijo de la tierra maya la espera y la saluda con toda la ternura de su corazón y su voz recuerda al verla el nombre de la princesa Sac-Nicté.